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Una de las tantas formas de ver el MendoExit

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Al MendoExit no hay que tomarlo ni tan en serio, lineal y literal, tampoco dejarlo pasar livianamente ni descartarlo por disparatado, hilarante o por delirante, como lo definió en su tapa un diario pampeano. Y, más allá de las motivaciones políticas y personalísimas de quienes lo estén promoviendo con seriedad y expectativas desde hace mucho tiempo, incluso pergeñando una posible proyección político-electoral, está claro que la aparición en la escena nacional a gran escala tiene una significancia extraordinaria. Cuando Alfredo Cornejo hizo público el fenómeno, al poco rato debió aclarar que no estaba buscando ni siquiera alimentando cualquier intento de independencia de Mendoza del resto del país. Pero en un segmento particular de los medios y del debate político como tal, especialmente en aquel radicado en Buenos Aires con marcada influencia en todo el territorio nacional, la mención del MendoExit fue asumida como literal y como un avance decidido a liberar a Mendoza del resto del país y se dejó pasar el verdadero y profundo significado de toda la cuestión; un llamado de atención al meollo de un problema de larga data que han venido sufriendo las provincias más eficientes económica y administrativamente, hablando del país.

El asunto puso al descubierto y sin cobertura a comunicadores encumbrados de los medios porteños que hicieron gala de esa característica única con la que se nos suele señalar a los periodistas y trabajadores de medios casi de manera inequívoca: que contamos con un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad. Pero, además de la ignorancia, de la soberbia y de la altanería con la que estos periodistas abordaron la temática, al punto de llevarla al plano del entretenimiento y la frivolidad, se reveló el desinterés con lo que está ocurriendo por afuera del conocido AMBA. Los políticos, claro está y para no ser menos, no se quedaron atrás. Uno de ellos fue el bonaerense Ricardo Alfonsín, hijo del recordado padre de la democracia, que llegó incluso a proponer la renuncia de Cornejo al partido y a la presidencia del comité nacional. El oficialismo K también tuvo lo suyo. Leandro Santoro, un legislador porteño de origen radical, hoy tenaz y aguerrido militante K, también dejó escurrir en las redes sociales el histórico entripado con el líder radical mendocino preguntándose cuáles serían las razones por las que Cornejo todavía seguía en su cargo.

Lejos de la suerte que tenga el MendoExit como tal, el punto es que ha puesto en relevancia un asunto estructural y estratégico para algunas provincias –quizás para todas, se verá luego–, que no está ni ha estado en la agenda política del país por claros intereses de la Nación, del Ejecutivo nacional, independientemente de quién lo conduzca. Se trata del reparto equitativo y proporcional a lo que se produce, pero, además, por el esfuerzo que requiere lo que se termina produciendo. No se discute la relevancia de la Pampa Húmeda y lo que termina significando la producción de granos para las arcas de la Nación. Se trata de dejar de premiar la ineficiencia y la ausencia de esfuerzo, de inventiva, de creatividad y de esa falta de interés y ganas, realmente de ganas, por ser cada día mejor y más importante.

Y, además de estos aspectos, los que específicamente pueden estar, en principio y en apariencia, sólo vinculados a los financieros, económicos e impositivos, se le adosa otra particularidad a la discusión no menos importante y que tiene ver con lo cultural y con una tradición en el comportamiento de la misma sociedad mendocina, quizás, que se diferencia claramente de otras jurisdicciones y de otros pueblos.

Hace 24 años que el país se debe, a sí mismo y para hacer más equitativo el reparto de recursos, un nuevo sistema de coparticipación federal de impuestos. Se trata de una obligación que le impuso la Constitución reformada de 1994. El punto es que, así como se ordenó el nuevo reparto, se estableció la unanimidad de todos los estados, tanto la Nación como las provincias. Y tornó el objetivo en prácticamente inalcanzable, porque para que las provincias reciban lo que les corresponde por nuevos indicadores de distribución, actualizados y acomodados a los tiempos que se viven, alguna o algunas de las mismas provincias deberían aceptar perder algo de lo que hoy reciben. Con lo que así el país no tendrá nunca una ley de reparto de impuestos a tono con la realidad. Y lo que se alumbró para salir del paso, como los sucesivos pactos fiscales suscriptos entre la Nación y los estados federales, generalmente siguieron perjudicando a los más eficientes y a los que hicieron esfuerzos para reducir las cargas impositivas a las fuerzas del trabajo y la producción.

El MendoExit, esa locura hilarante para muchos y para quienes no alcanzaron a comprender su significado amplio, bien puede ser lo que motive una agenda nueva de discusión en el país que pase por los asuntos estructurales que permitan modificar para bien el federalismo y mejorar los alcances autonómicos de cada una de las jurisdicciones. Quizás por ahí se llegue a las oportunidades para todos teniendo en cuenta los esfuerzos de cada uno.

Fuente: elsol.com.ar

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