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Saocom 1B: cómo sigue la misión del satélite argentino

Ya se desplegaron los paneles de la antena radar pero todavía falta que llegue a su órbita final. Hablamos con Lucas Bruno, jefe de operaciones que trabaja en el proyecto desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba.

Saocom 1B: cómo sigue la misión del satélite argentino

Tras algunos retrasos por la pandemia del coronavirus y factores climáticos, el 30 de agosto se lanzó con éxito el Satélite Argentino de Observación Con Microondas (Saocom) 1B en Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos.

Pero aunque ése haya sido el momento más llamativo o “marketinero”, la misión tiene muchos otros pasos e instancias relevantes. La semana pasada, los profesionales de la CONAE lograron desplegar la antena radar SAR y en 20 horas alcanzaron el modo Ciencia, en el cual se puede empezar a utilizar. El cambio fue grande si se lo compara contra las 72 horas que demoraron en 2018, cuando lanzaron el Saocom 1A.

“Hay mucha emoción y tiene mucho efecto el lanzamiento porque es un momento de quiebre en la misión. Pero la verdad es que para nosotros, ahora empieza la segunda etapa. La primera es construir el satélite, pero ahora comienza la parte en la que tenemos que ponerlo en órbita, operarlo, mantenerlo y hacer que funcione”, explica desde Córdoba el ingeniero Lucas Bruno, Jefe de Operaciones de la Misión Saocom.

“Una vez que se lanza, lo que hacemos es desplegar la antena SAR, que va toda plegada sobre la plataforma. Y la primera actividad, que es crítica, es abrirla y que quede perfecta. Si no queda completamente alineada, el satélite en sí no sirve”, agrega el experto.

“Son tres paneles plegados de cada lado que fuimos desplegando de a uno a medida que el satélite pasó sobre cada estación terrena, con una ventana de tiempo de 12 minutos por pasada. Es una actividad muy crítica, por eso no la hacemos a ciegas, sino sólo cuando estamos comunicados con el satélite”, subrayó el ingeniero.

Las operaciones fueron realizadas de manera remota desde el Centro de Control de Misión, ubicado en Falda del Carmen, Córdoba, en el Centro Espacial Teófilo Tabanera de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, con el soporte de las salas dispuestas en la sede de CONAE en la Ciudad de Buenos Aires y de INVAP en Bariloche y Córdoba.

Los próximos pasos del Saocom 1B
“A partir de ese momento, empezamos a prender el resto de los sistemas para ver que todo esté funcionando correctamente, especialmente por posibles movimientos al haber sido lanzado o por efectos en el viaje. Una vez que desplegamos las antenas, empezamos a verificar que los sistemas estuvieran funcionando. Y ahí arrancamos con las mediciones y calibraciones internas. Primero, se prueba la mecánica, y después la electrónica y la técnica. Ya estamos con el satélite configurado para empezar a adquirir la órbita”, explica el ingeniero.

Las antenas del SAOCOM B1.

El trabajo es lento y metódico. “Empezamos a hacer pequeños movimientos para ubicarlo en su lugar. Todo este proceso va a llevar dos meses y medio más hasta que llegue a su ubicación definitiva. Y ahí empieza una tercera etapa, de calibración del sensor, una vez que esté en su altura exacta. Ahí, empezamos a tomar imágenes para medirlas y poder ajustar la configuración para que quede perfectamente calibrado. A partir de ese momento, queda operativa la misión”, resume Bruno.

El futuro espacial argentino

Los planes de la Comisión no terminan con el proyecto de los Saocom. La CONAE desarrolla satélites que observan la Tierra desde el espacio mediante cámaras, sensores y variados instrumentos para obtener datos e imágenes útiles para agricultura, hidrología, medioambiente y gestión de emergencias naturales y antrópicas, entre otras numerosas aplicaciones.

El Plan Espacial Nacional incluye el desarrollo de la capacidad de lanzamiento de pequeños satélites para colocarlos en órbita desde territorio argentino mediante el lanzador Tronador II/III, y la provisión de capacidades de telemetría y telecomando (TT&C) de satélites, y adquisición y procesamiento de los datos satelitales recibidos mediante la Red de Estaciones Terrenas distribuidas en nuestro país.

“A futuro, además de mantener estos satélites, estamos confiados en poder lograr extender la vida útil más allá de los cincos años. Por otro lado, tenemos la misión SABIA-Mar, que sería lanzada en 3 o 4 años. Un satélite de otro tipo, con otras características, pensado para hacer imágenes ópticas o térmicas para estudiar la plataforma marítima”, afirma Bruno.

“La idea es tener un lanzador propio, fabricar un cohete, ya tenemos prototipos, para poner satélites en órbita. Claramente al ver lo que nos pasó con este lanzamiento, que se fue postergando, es importante contar con tecnología propia para no depender de otros países o empresas. Para eso se está fabricando el Tronador como la versión final del cohete, que pueda llevar cargas útiles de 500 y hasta 650 kilos al espacio”, concluye el experto.

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