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Opinión | La educación del momento, con ausencia de la calidad y de la cultura del esfuerzo

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El tema de la educación hoy está circunscripto al debate salarial. Las urgencias y lo inmediato tapan lo importante, aunque lo importante tampoco parece quitarles el sueño a muchos.

En un nuevo arranque del ciclo lectivo, que se cumple hoy en Mendoza, el primero del país en el 2020, muy bien vendría la oportunidad para aprovechar el momento –el ahora y el lugar– para escuchar a los funcionarios, por un lado, y a los dirigentes del gremio que representa a los docentes, por el otro, hablar de calidad y de la aplicación de las nuevas o viejas, no importa, pero remozadas y eficientes técnicas y métodos que apunten a que los chicos egresen de las escuelas cada vez mejores, más críticos, inquietos y, claro está, sabiendo siempre un poco más y así sucesivamente hasta que se gradúen en su vida educativa con la mayor cantidad de herramientas y armas posibles para salir a pelearle al destino de la mejor manera y buenas chances de triunfo.

Pensar esto último es, más que nada, soñar con un tiempo que ya fue o que creemos que existió, de tanto repetir la necesidad de su aparición, pero que, indudablemente, no está entre nosotros, salvo en alguna que otra declaración de forma y sólo para salir del paso de los referentes de la problemática, que son protagonistas de esta historia.

El tema de la educación hoy está circunscripto, sólo hay que ver y repasar lo que ocurre en el debate a nivel de medios para corroborarlo, a la cantidad de días de clase que tendrán los chicos en el año; en alguna que otra discusión sobre la situación de la infraestructura escolar; por ahí algo del sistema público de transporte con sus falencias en cuanto a los recorridos y a la frecuencia, y mucho pero mucho y hasta demasiado alrededor del nivel salarial de los docentes o “trabajadores” de la educación, como a los gremios gustan y prefieren llamar a sus afiliados.

Desde el gremio, particularmente y sin distinciones que pueden interpretarse como maliciosas o arbitrarias, porque ocurre tanto sea de origen nacional o provincial, no hay otro asunto más importante en el inicio y en el desarrollo de una paritaria que no sea el de los ingresos, el sueldo y ese porcentaje de aumento que negociará con el Estado o con los privados, según corresponda, y si terminarán ganando o empatando frente al aumento de los precios, de la inflación en concreto. ¿Quién puede decir que esta actitud y objetivo a cumplir está mal o sea equivocada? Nadie. Lo que se cuestiona desde mucho tiempo a esta parte es que ese se haya transformado en el único objetivo a conquistar.

Por el lado del Gobierno son pocos, muy pocos, los funcionarios que abiertamente se contrapongan a esa realidad. Suelen correr en la misma dirección en la que van los sindicatos para no calentar una discusión o una negociación que les provoque a los gobiernos algún que otro ruido político o malestar que modifique los niveles de sustentación y gobernabilidad sobre los que marcha. Por el contrario, les van en saga, les siguen el juego.

Hablar de calidad educativa o discutir sobre ella, además de obligar a la convocatoria de los mejores especialistas, académicos e investigadores que se tengan, supone embarrarse en asuntos indeseables, sin prensa o con prensa mala directamente y, equivocadamente de acuerdo con la creencia existente, además de todo aquello, piantavoto o despreciado por las mayorías. Supone hablar de la capacitación de los maestros y profesores, de la identificación de los contenidos más necesarios y acordes para los chicos de la comunidad que habitan o en la que desarrollan.

Supone, claro está, hablar y discutir sobre la necesidad de hacer prender y valorar el esfuerzo como una condición permanente, como método para contar con más chances de alcanzar un fin concreto y determinado; y lo beneficioso para todos y al fin de cuentas, de lo que significa crecer y desarrollarse en un clima de competencias virtuosas, por supuesto.

Nada de eso está en la agenda de verdad, en la de fondo. Las urgencias y lo inmediato tapan lo importante, aunque lo importante tampoco parece quitarles el sueño a muchos. El tipo de educación que mejor cuaje en nuestro país, por supuesto una vez identificado y el que la mayoría disponga y acuerde, debería ser considerado una política de Estado, volver a colocar la educación entre las prioridades centrales, no sólo asumida desde una visión pura y exclusivamente economicista, como casi todo en Argentina, sino más bien integral.

Fuente: www.elsol.com.ar

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